domingo, 13 de octubre de 2013

Melis, el amigo del Perú


Desde hace medio siglo, no se puede pensar en el Perú sin referirse a este italiano licenciado en la Universidad de Padua y catedrático hasta este año en la de Siena.

Una tarde en que visitábamos los campos azules de la eterna Toscana, Antonio Melis me llevó a la Rotonda de Montesiepi para presenciar un milagro. Allí, bajo una breve capilla circular, se puede apreciar una espada hundida en una roca.


Eduardo González Viaña
Eduardo González Viaña
CrónicaColaborador
Nadie puede sacarla de allí. Se dice que Galgano, un caballero que volvía de las cruzadas, cansado de tanta guerra hizo el gesto simbólico de herir la roca, pero su espada se hundió y no volvió a salir de allí.

Tampoco salió Galgano. Abandonó la aventura guerrera y se quedó a vivir en ese monte. La leyenda asegura que entendía todos los secretos del universo y que curaba a la gente con tan solo hablar con los cipreses.

Sobre Antonio, se me ocurrió que le había ocurrido algo semejante en los Andes del Perú. Tal vez se hizo amigo de una montaña y aquella lo llevó a peregrinar por un país cuyos secretos conoce hoy más que cualquiera.

Melis es un caso excepcional. Su obra, recogida en multitud de libros y revistas, muestra ante el mundo la imagen de un país, o dueño de un destino y de un mensaje que se expresa sobre todo en tres de sus principales obsesiones: José Carlos Mariategui, José María Arguedas y César Vallejo.

Desde hace medio siglo, no se puede pensar en el Perú sin referirse a este italiano licenciado en la Universidad de Padua y catedrático hasta este año en la de Siena.

Cuando Antonio visitó el Perú por primera vez en 1970,ya había publicado “J. C. Mariátegui, primo marxista d’America” en “Crítica marxista”, la revista teórica del Partido Comunista italiano.

“Leyendo Mariátegui”, su libro medular, compendía tres décadas de estudios sobre el autor de los “Siete Ensayos” a quien sitúa entre los grandes pensadores marxistas del mundo cuando compara sus concepciones estéticas con las de Walter Benjamin, Anatoli Lunacharsky, el Che Guevara y Mao Tse Tung.

El sabio de Sena muestra al lector europeo la fascinación de ese pensamiento y reivindica el carácter anti dogmático del marxismo del pensador peruano.

En julio de este año, Antonio Melis estaba en el Perú trabajando en el prólogo al libro de poesía de Arguedas de la misma forma en que su obsesión lo ha llevado todo el tiempo al examen de César Vallejo. Se podría decir que “Leyendo Mariátegui” debe ser el anticipo de un “Viviendo Vallejo”.

Ante la globalización, el proyecto mundial que pretende ordenar y nivelar las naciones, Melis opone nuestra América en la que los creadores e intérpretes culturales prolongan la pasión de una cultura sumergida pero rebelde.

El domingo 13 de octubre, cuando aparece este artículo, los hispanoamericanistas de Córcega y Cerdeña le estarán rindiendo un homenaje sorpresa. “ Tomo a un amigo sincero” es el libro que ellos lanzan ese día y que editan los profesoresDomenico Antonio Cusato y Cecilia Galzio. Entre otros nombres importantes, destacan los de la joven investigadora de Catania, Sabrina Constanzo, así como los de Ricardo Badini, Hernán Loyola y Laura Luche.

Cecilia Galzio dice de Melis que “«la amplitud de su producción científica no es solo el resultado de un profundo interés cultural. Su dedicación es fruto sobre todo de un intenso amor hacia todo lo que es América Latina: hombres, paisaje, literatura, tradiciones, historia».

Por todo ello, el homenaje que se rinde hoy en el Sicilia salta de allí a otros mares del mundo. Un escritor nostálgico lo registra en Salem y lo reenvía al Perú, a España y a otros países donde también lo leerán. Gracias a Antonio y a la mágica espada de San Galgano, nuestra América es una utopía que nadie puede clausurar.

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